En un contexto global marcado por la transformación digital, la sostenibilidad y la necesidad de una gestión pública y privada cada vez más profesionalizada, las instituciones educativas tienen una responsabilidad clara: formar líderes capaces de generar impacto real en sus organizaciones y en la sociedad.
Hoy en día, muchas compañías quieren sumarse a la ola de la Inteligencia Artificial (IA). Lo escuchan en conferencias, lo leen en informes estratégicos y lo ven como una palanca de competitividad. Sin embargo, en la práctica, gran parte de las organizaciones se encuentran con un obstáculo común: saben que necesitan IA, pero no tienen claro para qué ni cómo implantarla.
La información no es solo un recurso, es el corazón de las decisiones estratégicas. Millones de interacciones, búsquedas, transacciones y comportamientos quedan registrados cada día. Este océano de datos —conocido como Big Data— se ha convertido en una herramienta esencial para que marcas y organizaciones no solo entiendan a sus consumidores, sino que anticipen cómo evolucionan sus preferencias y comportamientos.
Cuando los estudiantes del Máster en Emprendimiento Digital de Spain Business School —el mejor posgrado del sector según varios rankings, incluido el de El Mundo— me preguntan si su idea de negocio es buena, siempre les respondo lo mismo: “No lo sé. Pero el mercado sí lo sabrá. Y rápido.”