¿Qué es un agente de IA y cómo está cambiando las empresas?

De la IA que responde a la IA que actúa, los agentes de inteligencia artificial empiezan a asumir tareas, tomar decisiones y coordinar procesos dentro de las organizaciones. El verdadero cambio no está solo en automatizar trabajo, sino en rediseñar cómo funciona una empresa.

lunes, 21 de septiembre de 2026
 
 
Durante los últimos años, la conversación sobre inteligencia artificial en las empresas ha girado alrededor de una pregunta: ¿qué puede hacer la IA por nosotros?
Ahora empieza a aparecer otra mucho más interesante: ¿Qué puede hacer la IA por sí sola, dentro de unos límites definidos?
La diferencia parece pequeña, pero cambia las reglas del juego.
 
Un chatbot puede responder a una pregunta. Una herramienta de IA generativa puede redactar un informe. Un sistema de automatización puede ejecutar una tarea siguiendo unas instrucciones preestablecidas.
Un agente de IA, en cambio, puede recibir un objetivo, analizar la situación, decidir qué pasos necesita dar, utilizar diferentes herramientas y ejecutar una parte del proceso con una intervención humana mucho menor.
Y ahí es donde empieza una transformación empresarial que va bastante más allá de ahorrar unos minutos en determinadas tareas.
 
En 2026, las empresas están pasando progresivamente de experimentar con IA a integrarla en sus procesos. McKinsey señala que el 40 % de las grandes organizaciones encuestadas ya declara estar escalando agentes de IA, frente al 27 % un año antes.
 
La pregunta, por tanto, ya no es únicamente qué es un agente de IA, sino qué ocurre cuando una empresa empieza a tener decenas, cientos o miles de ellos trabajando junto a sus empleados.
 

¿Qué es exactamente un agente de IA?

 
Un agente de inteligencia artificial es un sistema de software capaz de utilizar IA para alcanzar un objetivo, razonar sobre los pasos necesarios y ejecutar acciones utilizando herramientas y datos disponibles.
Google Cloud lo resume en tres capacidades fundamentales: razonamiento, planificación y acción, a las que se añaden elementos como memoria, herramientas y capacidad para interactuar con otros sistemas.
Dicho de una manera sencilla... La IA generativa produce una respuesta. Un agente de IA puede convertir un objetivo en una secuencia de acciones.
 
Imaginemos un departamento comercial. Una IA generativa podría recibir esta instrucción: “Analiza estas 50 empresas y prepara un resumen de sus necesidades.”
 
Un agente podría recibir un objetivo más amplio: “Identifica empresas con potencial comercial, analiza sus necesidades, consulta nuestro CRM, prepara una propuesta personalizada para cada una y deja las oportunidades prioritarias listas para revisión.”
 
Para conseguirlo, tendría que:
 
  1. Buscar y recopilar información.
  2. Consultar fuentes autorizadas.
  3. Analizar los datos.
  4. Clasificar las oportunidades.
  5. Consultar el CRM.
  6. Preparar documentos.
  7. Registrar las acciones realizadas.
  8. Solicitar intervención humana cuando encuentre una decisión que no tenga autorización para tomar.
Eso es lo que hace que un agente sea diferente de un simple asistente.
 
 

IA generativa, automatización y agentes de IA no son lo mismo

 
Una de las confusiones más habituales consiste en llamar “agente” a cualquier herramienta que utiliza inteligencia artificial. No todo sistema de IA es un agente.
 
 
Tecnología ¿Qué hace principalmente? Ejemplo empresarial
IA generativa Crea contenido o respuestas Redactar una propuesta comercial
Automatización tradicional Ejecuta reglas previamente definidas Enviar un email cuando se registra un cliente
Asistente de IA Ayuda al usuario a realizar una tarea Resumir una reunión
Agente de IA Persigue un objetivo y ejecuta varias acciones Analizar un cliente, consultar sistemas, preparar una propuesta y actualizar el CRM
Sistema multiagente Coordina varios agentes especializados Un agente investiga, otro analiza y otro prepara la propuesta
 
La diferencia esencial está en el grado de autonomía y capacidad de acción.
 
Microsoft define los agentes como sistemas capaces de automatizar y ejecutar procesos empresariales trabajando junto a una persona, un equipo o una organización, desde agentes sencillos hasta sistemas mucho más autónomos.
 
 

¿Cómo funciona un agente de IA?

 
Aunque detrás existe una arquitectura tecnológica compleja, podemos entender un agente a partir de seis piezas.
 
  1. Un modelo de IA
 
Es el componente que interpreta la información y ayuda al agente a razonar qué debe hacer.
Puede utilizar modelos de lenguaje, modelos multimodales u otros modelos especializados.
 
  1. Un objetivo
 
El agente necesita saber qué se quiere conseguir.
No es lo mismo pedirle que “analice clientes” que establecer como objetivo “identificar las oportunidades comerciales con mayor probabilidad de conversión”.
 
  1. Datos y contexto
 
El agente necesita información para actuar, como documentos, bases de datos, CRM, inventarios, políticas internas, información financiera, etc.
 
Aquí aparece uno de los grandes retos empresariales: un agente es tan útil como la calidad, disponibilidad y permisos de los datos a los que puede acceder.
 
  1. Herramientas
 
Un agente no tiene por qué limitarse a conversar.
Puede utilizar herramientas para consultar una base de datos, acceder a un CRM, ejecutar código, generar un documento, enviar una solicitud o interactuar con una aplicación.
 
  1. Orquestación
 
Es la capa que coordina el proceso: qué hacer primero, qué hacer después, cuándo utilizar una herramienta y cuándo pedir ayuda a una persona.
 
  1. Supervisión y límites
 
Este punto es fundamental.
Un agente que puede actuar también puede equivocarse.
Por eso las organizaciones necesitan definir qué puede hacer, qué no puede hacer, qué información puede consultar, qué decisiones requieren aprobación humana y cómo se registran sus acciones.
NIST, de hecho, ha puesto en marcha una iniciativa específica sobre estándares para agentes de IA y ha señalado la importancia de su identificación y autorización cuando estos sistemas acceden a datos, herramientas y aplicaciones.
 

La verdadera revolución: la IA deja de ser una herramienta y empieza a formar parte del proceso

 
Aquí está, probablemente, la cuestión más importante.
 
Una empresa puede incorporar ChatGPT, Copilot o cualquier otra herramienta de IA y seguir trabajando exactamente igual que antes.
Eso sería utilizar IA dentro del modelo de negocio existente.
 
Pero un agente plantea otra posibilidad: rediseñar el proceso para que humanos y sistemas de IA trabajen conjuntamente.
 
Pensemos en un departamento de atención al cliente.
 
Antes
 
Cliente → empleado → CRM → consulta de información → respuesta → seguimiento.
 
Con IA generativa
 
Cliente → empleado + IA → respuesta más rápida.
 
Con agentes
 
Cliente → agente → consulta información → comprueba el pedido → identifica el problema → propone solución → ejecuta las acciones autorizadas → escala al empleado los casos complejos.
 
El cambio no consiste simplemente en que el agente “trabaje más rápido”.
Consiste en que la arquitectura del trabajo cambia.
 
Deloitte llega a una conclusión similar en su investigación de 2026. La adopción de agentes no alcanza todo su potencial cuando simplemente se superponen sobre procesos existentes; las organizaciones necesitan replantear procesos, modelos operativos y formas de trabajo.
 

¿Qué pueden hacer los agentes de IA en una empresa?

 
Las posibilidades son amplias, pero hay algunos casos especialmente interesantes.
 
Marketing
 
Un agente puede monitorizar determinadas fuentes de información, analizar campañas, detectar cambios en el comportamiento de los usuarios, preparar propuestas de contenido y generar informes.
La diferencia con una herramienta generativa es que puede participar en todo el ciclo, no únicamente en la creación del contenido.
 
Ventas
 
Puede investigar empresas potenciales, enriquecer información del CRM, clasificar leads, preparar reuniones, generar propuestas y actualizar determinados registros.
El comercial no desaparece del proceso: cambia el lugar donde aporta valor.
 
Atención al cliente
 
Los agentes pueden consultar información del cliente, comprobar pedidos, responder preguntas, realizar determinadas gestiones y derivar a una persona aquellas situaciones que requieren criterio, negociación o empatía.
 
Recursos humanos
 
Pueden ayudar a organizar información de candidatos, responder preguntas internas, gestionar determinadas solicitudes o preparar documentación.
En este ámbito, sin embargo, los límites y la supervisión son especialmente importantes cuando las decisiones afectan directamente a personas.
 
Finanzas
 
Un agente puede recopilar información, conciliar determinados datos, preparar informes o detectar anomalías para su posterior revisión.
 
Ciberseguridad
 
Los agentes pueden analizar grandes cantidades de señales, investigar posibles incidentes y ayudar a priorizar alertas.
 
Deloitte identifica precisamente atención al cliente, cadena de suministro, I+D, gestión del conocimiento y ciberseguridad entre los ámbitos donde las empresas están viendo un potencial especialmente relevante para la IA agentiva.
 

El salto más interesante: de agentes individuales a equipos de agentes

 
Aquí aparece otro concepto que será cada vez más habitual: los sistemas multiagente. En lugar de pedirle a un único agente que haga absolutamente todo, una empresa puede crear diferentes agentes especializados.
 
Por ejemplo:
 
Agente de investigación

recopila información
Agente de análisis

interpreta los datos
Agente financiero

comprueba costes y rentabilidad
Agente comercial

prepara la propuesta
Empleado responsable

revisa y toma la decisión final
 
La empresa empieza a funcionar, en determinados procesos, como una combinación de personas + software + agentes especializados.
Y esto abre una cuestión mucho más profunda: ¿cómo se dirige una organización cuando parte de su capacidad operativa está formada por agentes digitales?
 
 

El nuevo problema de los directivos: no basta con comprar IA

 
Este es uno de los errores que pueden cometer las empresas. Pensar que porque tienen agentes, ya son una empresa basada en IA. Y no necesariamente esto es así.
El verdadero reto está en integrar esos agentes en el funcionamiento de la compañía.
Deloitte encontró en 2026 una diferencia importante entre ambición y preparación: solo el 5 % de las organizaciones encuestadas afirmaba que sus procesos estaban altamente preparados para los agentes de IA, mientras que el 15 % había escalado sistemas multiagente coordinados entre distintas áreas.
Esto significa que la tecnología está avanzando más rápido que muchas organizaciones.
Y aparecen cinco preguntas que los equipos directivos tendrán que responder:
 
  • ¿Quién puede autorizar a un agente? Un agente no debería tener automáticamente los mismos permisos que un empleado.
 
  • ¿Qué decisiones puede tomar? No todas las acciones tienen el mismo riesgo. Enviar un informe interno no equivale a realizar una transferencia bancaria, modificar un contrato o cambiar las condiciones de un cliente.
 
  • ¿Cómo sabemos qué ha hecho? Las empresas necesitan trazabilidad y registros suficientes para poder reconstruir las decisiones y acciones de un sistema.
 
  • ¿Quién responde cuando se equivoca? La autonomía tecnológica no elimina la responsabilidad empresarial.
 
  • ¿Cómo medimos su rendimiento? No basta con contar cuántas tareas realiza un agente. Hay que saber si esas tareas generan valor.
 

El gran riesgo que se puede producir es el de automatizar también los errores

 
Cuanto más autónomo es un sistema, mayor es el potencial de productividad. Pero también aumenta el alcance de un error.
Un empleado puede equivocarse una vez.
Un agente mal configurado puede repetir el mismo error cientos de veces.
Puede utilizar información incorrecta, acceder a datos que no debería consultar, ejecutar una acción no prevista o interpretar mal una instrucción.
 
Deloitte señala que solo el 21 % de las organizaciones participantes en una encuesta internacional de 2026 consideraba madura su gobernanza de IA agentiva. Por eso, la autonomía necesita límites.
Una buena arquitectura de agentes no consiste en darles el máximo poder posible. Consiste en darles el poder adecuado para cada tarea, con controles, permisos, supervisión y posibilidad de intervención humana.
 
Y aquí aparece un cambio importante en el trabajo. Los agentes de IA no solo modifican procesos. También pueden cambiar qué significa trabajar en una empresa.
Si una parte creciente de las tareas repetitivas, administrativas o de recopilación de información puede ser realizada por agentes, el valor profesional se desplaza hacia otras capacidades:
 
  • Pensamiento crítico.
  • Capacidad de decisión.
  • Comprensión del negocio.
  • Supervisión de sistemas.
  • Comunicación.
  • Creatividad.
  • Gestión de personas.
  • Capacidad para validar información.
  • Visión estratégica.
  • Conocimiento profundo de un sector.
 
Esto no significa que las capacidades técnicas pierdan importancia. Al contrario, aumenta la necesidad de profesionales capaces de entender cómo funciona la tecnología y, al mismo tiempo, cómo funciona el negocio.
El perfil interesante no será necesariamente “la persona que sabe utilizar IA”, sino la persona que sabe qué problema resolver con IA, cómo diseñar el proceso, cómo comprobar el resultado y cuándo no utilizarla.
 
La empresa que tenga más agentes no será necesariamente la más competitiva. Esta puede ser una de las conclusiones más importantes.
Durante años, la transformación digital llevó a muchas compañías a preguntarse cuántas herramientas digitales habían incorporado.
Con los agentes de IA, esa métrica puede quedarse corta.
La pregunta será otra, ¿qué procesos hemos sido capaces de rediseñar gracias a ellos?
Una empresa podría tener 500 agentes y seguir teniendo procesos lentos, departamentos aislados y decisiones deficientes.
Otra podría tener 30 agentes perfectamente integrados y conseguir transformar radicalmente determinados procesos.
La diferencia no estará en el número. Estará en cómo se utiliza la inteligencia artificial dentro del modelo operativo.
McKinsey observa precisamente esta transición: las organizaciones están empezando a integrar IA y datos en sus modelos operativos, mientras los responsables tecnológicos adquieren un papel cada vez más estratégico.
 

¿Qué deberían hacer las empresas antes de incorporar agentes de IA?

 
No hace falta empezar creando un “agente para todo”. De hecho, probablemente sea mejor hacer lo contrario.
 
  1. Identificar procesos, no modas. Buscar procesos repetitivos, lentos, costosos o fragmentados.
 
  1. Determinar dónde aporta valor la autonomía. No todo proceso necesita un agente. A veces una automatización tradicional es suficiente.
 
  1.  Definir el nivel de autonomía. ¿Qué puede hacer sin preguntar? ¿Qué necesita aprobación? ¿Qué tiene completamente prohibido hacer?
 
  1. Preparar los datos. Sin datos accesibles, estructurados y fiables, el agente tendrá poco margen para actuar correctamente.
 
  1. Integrar seguridad desde el principio. Identidad, permisos, privacidad, trazabilidad, monitorización y posibilidad de intervención humana no deberían añadirse al final.
 
  1. Rediseñar el trabajo. La pregunta no debería ser ¿qué tareas podemos quitarle a una persona?, sino algo parecido a ¿cómo debería funcionar este proceso si una parte de las tareas puede ejecutarla una máquina?
 
  1. Medir resultados empresariales. Tiempo ahorrado, sí. Pero también calidad, ingresos, satisfacción del cliente, errores, costes, velocidad de decisión o capacidad de innovación.
 
 

¿Estamos ante el nacimiento de la empresa agéntica?

 
Probablemente es demasiado pronto para afirmar que existe un único modelo de “empresa agéntica”.
Pero el concepto ya está entrando en la estrategia empresarial.
 
Google Cloud habla de una evolución desde asistentes básicos hacia empresas donde los agentes pueden anticipar objetivos, razonar y coordinar procesos complejos.
 
Microsoft, por su parte, ya plantea herramientas específicas para observar, gobernar y proteger los agentes desplegados dentro de las organizaciones.
Y el movimiento no se limita a las grandes tecnológicas. Las investigaciones empresariales de 2026 muestran que la adopción está avanzando especialmente entre grandes compañías, aunque todavía existe una brecha importante entre experimentar con agentes y llevarlos a escala.
 
La cuestión, por tanto, ya no es si los agentes de IA van a formar parte del mundo empresarial. La cuestión es cómo se integrarán y qué tipo de organizaciones producirán.
 
La verdadera ventaja no será tener un agente, sino saber dirigirlo
 
La historia de la tecnología empresarial está llena de herramientas que prometían revolucionar la productividad.
Los agentes de IA tienen algo diferente: no solo procesan información; pueden actuar sobre ella.
Eso cambia la naturaleza del riesgo, pero también la oportunidad.
 
Un agente puede investigar, analizar, escribir, consultar sistemas, coordinar tareas y ejecutar acciones. Pero necesita objetivos, datos, herramientas, permisos y supervisión.
Por eso, la transformación que viene no será simplemente tecnológica. Será organizativa.
 
Las empresas tendrán que decidir qué tareas siguen siendo humanas, cuáles pueden delegarse, qué decisiones necesitan supervisión y qué nuevos roles aparecen cuando humanos y agentes trabajan juntos.
La pregunta más interesante para un directivo ya no es: ¿Qué puede hacer la inteligencia artificial?, sino, ¿cómo debería funcionar mi empresa si la inteligencia artificial puede hacer parte del trabajo?
Ahí empieza realmente la era de los agentes de IA.
 
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